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JOSÉ VILLALOBOS

Concentrado en el fenómeno de habitar, tanto individual como colectivamente, el maestro José Villalobos crea en su pintura ambientes físicos que aluden a la arquitectura. Así como en todo sitio habitable hay rincones donde se puede depositar el trabajo, el descanso, el ensueño o la memoria, los cuadros de Villalobos componen refugios íntimos, entregados por el artista al espectador como si le abriera puertas, le diera la bienvenida y lo hospedara.

El maestro suele integrar sus espacios a partir de una planta cuadricular, o mediante el ordenamiento de planos sucesivos entre fondo y superficie, en volúmenes que sugieren edificios o muros alternados.

Las fachadas y alas laterales, las columnas y trabes, los vanos de puertas y ventanas, son sus abstracciones.

No faltan alusiones a los vidrios, persianas y cortinas, a la iluminación natural y artificial, al paso del viento y del aire. En esta arquitectura soñada, Villalobos no alza bloques estáticos, sino que, mediante desequilibrios, oscilaciones y baños de luz, describe corrimientos, añadiendo de este modo temporalidad a sus espacios pictóricos. La suya no es una arquitectura acomodaticia: en cambio, expresa órdenes de desasosiego, sorpresa y descubrimiento. Si el espectador percibe zozobra y vacío en algunos cuadros del maestro de lxtepec, es porque plasman su sobrecogimiento ante los recurrentes sismos que diseminan la tragedia en su tierra de origen. Si el espectador percibe, en otro momento, una tranquilidad espiritual, es porque Villa lobos comparte la luz benefactora que inunda su estudio de artista, acompasando ritmos y colores casi musicalmente: contrapuntea el naranja con el verde, los azules-gris con los ocres, para también trazar con tiento arpegios de finas líneas verticales. 

En la circunstancia del confinamiento que la pandemia del coronavirus ha impuesto en México, el estudio del pintor se convirtió en una mina de color. La abundante vegetación que se avista en sus ventanas, los colores tierra de los exteriores, las sombras removidas por el viento, la gama de tonalidades que las horas irradian desde lo alto por los tragaluces, así como la acometida de los aguaceros en los cristales y el rejuego de toda esa coloración sobre los muebles de madera y las telas en el interior, se han depositado en francas visiones meditativas que José Villalobos ahora entrega. Nunca mejor dicho que un estudio pictórico constituye un universo. Situado entre sus cuatro paredes, Villalobos abre ventanas con sus cuadros, deja entrar el aire fresco y el universo se estremece.  

                                       

               Jaime Moreno Villarreal