VICEVERSA

Guillermo Pacheco López  (Culiacán, Sinaloa- 1971) reinterpreta  la materia en su obra, la cual depende, como si de una segunda epidermis se tratara de los pigmentos-tierras que él mismo produce, confecciona y administra  a cada pieza que cobra vida en sus manos  y moldea caprichosamente a su antojo.

Ahora, la arcilla se desdobla utilitaria, desde que Pacheco decidió dotar de una profundidad inagotable sus vasijas, hornos y esculturas cuya dimensión natural de rememoraciones zoomórficas nos dejan entrever historias de vida, anécdotas, entre las cuales encontramos, por ejemplo un armadillo que nos descubre el simbolismo de su intimidad, donde la imaginación perdida de un paisaje que junto a su hábitat y quehacer artístico, nos descubre su nueva obsesión por  descubrir un simbolismo mayor.

“Todo lo esencial es invisible”, pero para Guillermo, el velo que divide las intenciones artísticas de las humanas, ha caído desde hace mucho tiempo en la imaginación de sus creaciones, al plasmar la continuidad de la materia a un imaginario que se descubre como telón de fondo de un artista creador de mitologías prístinas; ya lo decía Carl Jung, en el arquetipo colectivo yace el secreto de la transformación y transmutación espiritual y es ahí donde Pacheco se ha internado para que de ese material-manantial, de esa arcilla, de esas tinturas y pigmentos, de esa tierra logre crear un arte orgánico, conceptual y alquímico.

Deseamos que al observar, sentir y escuchar esta exposición, entendamos que cada objeto, cada oleo cada pigmento utilizado en el corpus artístico de Guillermo Pacheco, necesita el aliento vital de una sentencia única y contracultural, aquella que nos exhorta a “agitar los sedimentos más arcaicos de nuestro ser “, para descubrir los cimientos de una mirada artística y humana.

Labranza, surcos que dan fertilidad y vida a la tierra que desde pequeño Guillermo vio y que recuerda en las manos de su abuelo como un legado familiar, espiritual y generacional que han dado forma a su obra y a su quehacer artístico. Ha incorporado sus juegos de niñez con el arado de su abuelo y de su padre, el descubrimiento temprano de que la arcilla era moldeable entre sus manos, a su madurez como creador. El regreso a utilizar los elementos más primitivos, simples y al mismo tiempo necesarios para él, nos habla de un artista maduro y que sabe muy bien hacia dónde dirige sus pasos.

Dos tierras surcan la vida de Pacheco López, por un lado las tradiciones orales de su Familia Materna, enmarcadas por la orografía Sinaloense y por el otro lado esta tradición Milenaria Paterna, en donde la herencia oral y cultural zapoteca rememora dos mundos, que son la síntesis dialéctica y vivencial en su obra y proceso artístico.  

SERGIO HUERTA.

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